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El Metáfago

Jordi de Paco, un joven escritor aficionado está en su estudio sentado frente a un nuevo relato del que apenas a escrito una línea. Mientras se lía un cigarro, piensa en el imaginario popular y en como lo que al principio de los tiempos era un paraíso virgen, ahora es una metrópolis sobre saturada dónde las ideas y conceptos se construyen unas encima de los otros para intentar dar forma a algo nuevo y original. Piensa en el hombre que pudo contar con el placer de crear un vampiro, el primer vampiro; o el primer hombre lobo, fantasma, alienígena, ogro, orco, dragón y todos esos entes que han adquirido presencia propia y son parte de la mente colectiva del ser humano.

¿Queda espacio para un nuevo ser que no esté reciclado o compuesto de retales? Con ese fin, empieza a buscar dentro y fuera de sí, esa parte sin contaminar en la que cada uno guardamos nuestros propios monstruos y que no nos atrevemos a sacar por si son una sombra de todo lo que hemos vividos. ¿Existe algo que se pueda crear que no esté ligado a la experiencia? El propio lenguaje ya es una barrera que nos limita a que todo lo que transmitimos sea una combinación finita de combinaciones de 26 símbolos: abdcefghijqlmnñopqrstuvxyz. Aún así, decide darse una oportunidad y adentrarse en un viaje por su mente para cazarlo.

Los hombre-algo están todos reclamados, al menos los buenos, se le ha dado forma antropomórfica a casi todo lo que existe, y crear un hombre-tortilla o un hombre-saliva no pasa de ridículo personaje de cómic. Jordi decide alejarse de todo lo que tenga forma o sentido.

Piensa en un monstruo que no se puede crear, un monstruo que existe desde que el tiempo es tiempo y que, como el fuego, no se puede inventar, sólo se puede descubrir. Un ser que viaja por la realidad, espectador olvidado, testigo de todas las historias que nacen y mueren en todas las dimensiones. Tan antiguo y tan inherente a todo que todos los humanos lo guardan prisionero en el rincón más profundo de su mente, un punto tan lejano que casi se toca con su alma.

Cada vez que alguien sensato lo descubre, lo vuelve a olvidar – si puede – para proteger al mundo, porque el monstruo devora todo lo que se puede pensar, y eso va más allá de la realidad.

Conforme el escritor, inspirado por la existencia de esa abominación, plasma una letra tras otra en su relato, el monstruo se acerca despacio por todos sus puntos ciegos. Junto a él, en tiempos, lugares y momentos diferentes, el monstruo se va acercando a todos los que leen sobre él. Por encima, por detrás y por debajo, siempre hay un lugar al que no se mira. La realidad se va descomponiendo, se deshilacha, y si fuéramos capaces de girarnos a tiempo veríamos como detrás de nosotros sólo hay un abismo negro dónde todo lo que conocemos se separa de sus colores y se enreda en un hilo que es devorado por unas fauces informes, indescriptibles por una combinación de 26 letras. Tras escribir esta línea, el escritor se da la vuelta, para mirar detrás de sí, pero el metáfago conoce el tiempo y sabe situarse siempre detrás de nosotros. Los lectores también comprueban su alrededor, despreocupados, con la certeza de que todo esto sólo es ficción. Pero el metáfago ha sido recordado, y avanza tranquilo, desconociendo cuando podrá volver a aparecer, procura saborear el momento, descomponiendo hilo por hilo el mundo del que escribe y de los que leen.

 

Siendo el primero, tras cientos de miles de años, que lo ha recordado, el escritor será el primero en caer, pero el monstruo le da tiempo a terminar su relato, pues con placer sabe que será su puerta a otras mentes. Es probable que mientras leas esto la realidad de Jordi de Paco ya haya desaparecido, tu podrás encontrarlo y hablar con él, pero su mundo ya no existe, ahora sólo lo tienes tú, hasta que el monstruo devore tu mente y tu mundo.

 

Jordi sabe que está cerca del punto final, y busca maneras de alagar el relato, pero siente la presencia del metáfago acelerando su paso, arrancándole poco a poco sus ideas, para dejarle la creatividad justa para cerrar este párrafo.

Fotografía de LuxZP

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Viaje al futuro

El título de este relato quizá desconcierte, pero en el fondo de mi corazón, cuando escribía esto, pensaba en viajes temporales 🙂

“Hoy he soñado que viajaba al futuro.

2006

Yo era un periodista que estaba investigando la muerte de una joven de mi barrio. Una chica rubia muy mona, universitaria, cuyo cadáver había sido encontrado… dos veces. La primera vez la encontraron en el portal de su casa, con varias puñaladas mortales en el cuerpo. La segunda vez la encontraron en un callejón, el forense dictamino una muerte por hipotermia. Ni rastro de puñaladas. Era imposible que la misma persona hubiera muerto dos veces, sin embargo, nadie se preocupó por exhumar el “antiguo” cadáver. Así que nadie sabe si llegaron a haber dos víctimas o una.

Tras meses de indagación, entrevistas con familiares, solicitudes inútiles al cuerpo de policía y un poco de investigación de campo decidí abandonar la historia. En el momento en el que dije basta fue cuando pude ver mi despacho empapelado con información y fotografías de esta chica. No había hecho nada más que pensar en ella durante cinco meses y eso explicaba el deplorable estado del contenido de mi nevera. Arranqué todas las fotos de la pared, los recortes, las pruebas, algún que otro objeto personal de la chica y los junté en una gran bolsa de basura. Para reciclar, por supuesto.

Dejé la bolsa en el recibidor, con la idea de deshacerme de ella mañana por la mañana. La bolsa estuvo en el recibidor por una semana. La noche en que me decidí a lanzarla por fin dentro del contenedor fui repasando artículo a artículo el caso. Todo gracias a la reducida ranura de los contenedores de reciclado de papel. No fui capaz de lanzar la última foto, así que volví a casa con ella.

Cuando volví a mi apartamento tuve un mal presentimiento, que se reforzó con advertir que me había dejado abierta la puerta de la calle. Entré sigilosamente, con algo de miedo en el cuerpo, y el resplandor azulado intermitente del local de en frente no hacía más que alimentar mi imaginación, generando formas en mi salón. Además de la puerta, parecía que también me había olvidado de apagar la luz del baño. No pensé que el haber decidido salir a deshacerme de lo que me había tenido ocupado durante meses me hubiera vuelto tan descuidado. Mi paranoia me invitó a pensármelo dos veces antes de entrar en el cuarto de baño. Eché un vistazo desde el resquicio de la puerta que quedaba abierto para mirar en el reflejo del espejo si había algo extraño en su interior. Lo extraño es que no había reflejo. Estaba empañado.

Guardé la foto de la chica en el bolsillo del pantalón y empecé a inspeccionar toda la casa en extremo silencio. Cada vez que camino sin desear hacer ruido me doy cuenta de lo mucho que me suenan las rodillas y los tobillos al dar un simple paso. Nada. La casa estaba vacía. Regresé al cuarto de baño y pensé en lo estúpido de verme a mí mismo caminando de puntillas por mi casa por culpa de un simple descuido. Abrí la puerta de golpe y mi corazón se aceleró súbitamente. Tampoco había nada. Me maldije en silencio y decidí darme una ducha.

Mientras caían las gotas de agua pensé en lo extraño de todo en general. Era imposible. Dos cadáveres idénticos, sin constancia de hermanas gemelas ni nada por el estilo. Todo el asunto era demasiado extraño para que sólo yo estuviera obsesionado con ello. Lo primero en lo que pensé fue que en cuanto terminara de ducharme bajaría a intentar recuperar todas mis cosas. Lo segundo en lo que pensé fue en por qué cojones el cristal estaba empañado si yo no me había duchado hoy. Cerré el grifo.

Me quedé inmóvil sobre el plato de ducha, en silencio. Y entre gota y gota que caía de mi barbilla intenté escuchar más allá del baño. Había alguien. Mi oído se atrofió y dejé de percibir la realidad a través de ellos. Debía ser eso, porque sólo escuchaba susurrossin haber nadie a mi lado. Todo era endiabladamente extraño. No podía ser. Me senté en el plato de ducha y me acurruqué en una esquina agarrándome la cabeza pero sin poder desviar la mirada de la puerta. Los susurros no cesaban. –Ayúdame– Parecían decir. La puerta del baño empezó a abrirse. Yo lo veía todo borroso a través de la mampara. Una, si se le puede llamar así, oportuna bajada de tensión hizo que la bombilla de mi cuarto de baño dejara de alumbrar. La silueta que empezó a caminar dentro del lavabo se definía a ráfagas intermitentes con los destellos azulados que entraban por el salón. Era una chica, con el pelo largo, parecía rubia.

No quería ni siquiera pensar en el nombre de quién había estado investigando todos estos meses pero era lo único que me venía a la cabeza y empecé a tartamudearlo con la voz rajada. Ella se inclinó y puso una mano sobre la mampara. Sus rasgos eran borrosos a través del cristal empañado. Miré en su dirección y, casi por instinto, puse mi mano tocando la suya. Deslicé mi mano por el cristal limpiando el vaho y la vi. La chica. Mi chica. Sangrando por la nariz. Me desmayé.”

Viaje al Futuro Arranged