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El único Dios verdadero

Él quería curar el mundo, hacerlo un lugar mejor, para ti y para mí y para la raza humana al completo.

Evangelio según San Quincy, 17:4

 

Los nómadas se frotaban las manos en torno a la hoguera, llevaban semanas de viaje y la tierra se hacía más fría conforme se aventuraban hacia Berlinia. Era una noche húmeda, y había que estar vigilante frente a la hoguera para no perder calor en el campamento. Para hacer más llevadera la vigilia a los que estaban de guardia, el padre Gyallas enunciaba las parábolas del Todopoderoso y su hijo.

 

“Cabeza rapada. Cabeza muerta. Todo el mundo se ha vuelto malo. Turbación. Especulación. Alegación. En la suite, en las noticias. Todo el mundo. Comida de perro. Hombre negro. Chantaje. Arrojad a mi hermano a la cárcel.”

Gyallas predicaba las sagradas escrituras, recopiladas e interpretadas por los grandes profetas ingenieros que recuperaron el legado del Gran Mundo antes del cataclismo. Los nómadas atendían maravillados, ya que estando poco extendido el arte de leer entre los peregrinos y siendo tan escasos los libros, siempre era un placer escuchar las historias de los adeptos de Miguel. Mientras tanto, asaban unas perdices en el fuego, y se calentaban con aguardiente comprado a los boticarios ambulantes.

“La Biblia reza: el mundo era un paraíso miles de años atrás, Dios le dio al hombre máquinas que volaban, grandes espectáculos y diversión, comida mágica instantánea y cajas de luz donde podían verse historias maravillosas. Pero el hombre es egoísta, y aún habiendo mil veces más recursos que en la actualidad, de sobra para todos, empezó a matar a sus iguales por hacerse con el poder del paraíso. El Señor, compasivo, envió a su hijo a la tierra, para enseñar a los humanos a amar y perdonar, y conservar el paraíso que se les había regalado.”

De la boca del cura escapaban nubes blancas de vapor mientras oraba en mitad de la noche, pero su devoción y el fervor en sus palabras parecían librarlo del frío y la humedad, aún así, no rechazó un trago cuando le pasaron el aguardiente.

– Padre Gyallas, ¿Son ciertas las historias que dicen que Miguel, hijo de Dios, era negro?

El cura asintió lentamente, mientras se calentaba las manos sobre la hoguera.

– Era negro. Pero no era un traidor. Dios lo hizo nacer negro para probarlo. Para demostrar que no todos los negros son demonios, si no hermanos descarriados, que deben pagar por sus pecados de otras vidas, hasta renovarse en un cuerpo puro, como el nuestro. De hecho, Miguel, hijo de Dios, entonaba una parábola que dice así:

“No digas que crees en mí, cuando te he visto arrojar tierra a mis ojos. Pero si estás pensando en ser mi hermano, no me importa si eres negro o blanco.”

Gyallas dio una vuelta sobre sí mismo y se apretó el paquete con fuerza arrojando un grito agudo.

– ¡Ih-ih! –

Señal de santiguación de todos los fieles de Miguel.

– ¡Ih-ih! – Gritaron en respuesta los que escuchaban sus historias.

– Con el tiempo, una vez superada la prueba del Señor, la piel de Miguel empezó a tornarse blanca, demostrando que era posible la redención, y del escalafón más bajo en el que puede nacer un ser humano, el hijo de dios ascendió hasta el blanco más puro, y su palabra se divulgó por todo el paraíso, y el pueblo, enamorado de la palabra que Miguel predicaba, no tardó en nombrarlo rey. Rey del Pop.

– ¿Qué es el Pop, Padre?

– El Pop es el arte de predicar la palabra del Señor, y Miguel era el rey.

– ¿Y por qué Dios permite que suframos? ¿Por qué ha sido destruida nuestra tierra y nos vemos avocados a este éxodo hacia Berlinia? – Cuestionó uno de los nómadas, abatido por las semanas de viaje.

El padre Gyallas lo miró con benevolencia, compadeciendo al ignorante.

– ¿Nadie te ha hablado de los arcángeles repudiados? ¿Kanye West y Snoop Dogg?

Al escuchar el nombre del Diablo, el resto de peregrinos se levantaron, dieron una vuelta sobre sí mismos y se santiguaron agarrándose el paquete, “Ih-Ih!”

– Kanye West y Snoop Dogg eran ángeles, aliados de Dios. Pero incluso en el Cielo existe la corrupción, y la avaricia de West y Dogg, pretendiendo usurpar el trono sagrado, fue castigada con la expulsión del reino celestial. En su caída meteórica a la tierra, sus cuerpos se prendieron fuego y acabaron negros, como el cabrón.

Los oyentes se frotaron los brazos, en un escalofrío temeroso.

– Pero lejos de arrepentirse, Kanye West y Snoop Dogg empezaron a divulgar un mensaje de fornicación, masturbación, dinero y poder. Muchos hombres, de voluntad débil, empezaron a ceder ante las mieles de los demonios y cayeron en su espiral de vicio fácil. La población del paraíso empezó a volverse negra, a vestir ropas holgadas y cadenas de plata y oro, tomaban drogas que les impedían ver el infierno y poco a poco fueron quemándose y acabando tan negros como sus captores…

– ¡Malditos! – exclamó el más joven, algo animado por el aguardiente.

– ¡Que su oscura estirpe arda para que podamos regresar al paraíso!

El padre Gyallas sonreía de júbilo al ver toda la buena fe que desbordaban sus peregrinos.

– Me agrada vuestro ímpetu, pero procurad manteneros alejados de la ira. Recordad las palabras de Miguel.

“Empezaré con el hombre del espejo. Le pediré que cambie sus maneras. Y ningún mensaje podría ser más claro. Si quieres hacer del mundo un lugar mejor, contémplate a ti mismo y, entonces, cambia.”

– ¡Ih-ih! – exclamaron todos. El cura bebió otro trago de aguardiente.

– ¡Padre! ¡Baile para nosotros en esta noche de amor a Miguel la danza del Moonwalker!

– ¡Ja, ja! ¡Así me gusta! ¡Alabado sea Miguel!

Dicho esto, el cura empezó a mover sus tobillos de izquierda a derecha mientras chasqueaba el pulgar al ritmo y con otra mano se tocaba la frente con el índice. Los nómadas empezaron a acompañarlo con palmas. Uno de ellos, bardo de profesión, empezó a tocar notas graves en su laúd al ritmo del Salmo de la Virgen Billie Jean. En un ritual de puro gozo, todos empezaron a cantar, mientras el padre caminaba marcha atrás en torno a la hoguera.

“¡Billie Jean no es mi amante! ¡Sólo es una chica que dice que soy el padre! ¡Pero el niño no es mío! ¡Ih-ih! ¡Es un hijo del Señor!”

 


Mida su amor con el Amorímetro

¿Cansado del “yo te quiero más”, “no, yo te quiero más”, “yo te quiero lo que tú digas + 1”? ¡Pues estamos de suerte, queridos amantes del mundo! El amor había sido un misterio por los siglos de los siglos para la raza humana, ¡inconmensurable, enloquecedor, caprichoso y traidor! Los poetas y dramaturgos trataron de cuantificarlo en cientos de versos pero todo quedaba enredado en la lírica y la metáfora. Pues damas y caballeros… ¡Ahora el amor es ciencia! Gracias al Amorímetro del Doctor Fraiser Meyer el amor es una unidad más del sistema métrico. ¡Los científicos y grandes intelectos del globo por fin pueden contar con él en sus cálculos! ¡Esa pequeña pieza que faltaba para comprender el mundo!

Gracias al reciente descubrimiento del CERN, hallando la partícula de Dios, se ha descubierto a la vez que el bosón de Higgs no es ni más ni menos que el elemento primario del amor. Como si un medidor de radiación se tratase, el Amorímetro puede determinar cuantos heartins (unidad oficial para el amor según el ministerio de ciencia europeo) tiene una persona, reflejo directo del amor que siente por su pareja… ¡o quizá por su amante secreto! ¡Eso aún no se puede saber!

¡No pierda el tiempo y hágase con el regalo perfecto para estas Navidades! ¡Rápido que se agotan!

 

Tras esa Navidad prácticamente había un Amorímetro en nueve de cada diez hogares.

 

Un año después sólo quedaban doce parejas estables en todo el planeta. Las desavenencias conyugales fruto de saber quién realmente quería más a la otra persona eran insalvables. Uno podía intentar tolerarlas, pero tarde o temprano el conocimiento de dichas cifras hacía aflorar los roces y las disputan crecían hasta destruir la relación. Aunque se comenzara con un nuevo amor, y la gente acordara prescindir del diabólico aparato, en cuanto surgían las primeras discusiones o sospechas, prácticamente nadie resistía la tentación de pasar a su pareja por el Amorímetro.

2012 fue un año terrible para el mundo, y el fin de la civilización tal y como la conocíamos no llegó de la mano de una onda electromagnética del sol, una profecía maya o un festival de desastres naturales. Llegó de la mano del amor. La depresión, la frustración, la soledad, el odio y la furia se adueñaron del ser humano, y las sinergías de la mala hostia desataron la tercera guerra mundial, sin ideología ni religión de por medio. Todos contra todos a puñetazo limpio, si no encontrabas antes un palo, una pistola o una motosierra.

 

Tras lo que es conocido a través de los ancianos supervivientes como “La carnicería del amor”, el mundo se estructura ahora, décadas después, como tribus nómadas o sedentarias que son lideradas por los ingenieros supervivientes que saben resucitar la tecnología antigua. Las personas viven de lo que cazan o cultivan, la literatura es un tesoro, y el amor es más puro que nunca. Y es que parece que el mundo necesitaba como el comer que alguien presionara el botón del RESET.