Ad Líbitum – Primera Parte

Un poco de ciencia ficción romántica post-apocalíptica.

Ad Líbitum

Enarmonía de las almas

Gadhe

 

Siempre me he preguntado el tacto que debe tener la hierba al caminar descalzo sobre ella, o como debe ser sentir un calor distinto al de una hoguera. Suelo imaginarme el color del mundo que me rodea si sólo un rayo de luz lo alcanzase y suelo soñar con el arco iris que describen las canciones. En mi mundo, la lluvia es invisible y el único consuelo que nos queda por ignorar el azul del cielo es el eterno centelleo de las estrellas.

Lo que antes se podría haber definido como vegetación crujía ahora bajo los pies descalzos de Gadhe. Era un chico inusual, una de sus tantas peculiaridades era la de caminar descalzo, dándose a sí mismo por excusa que le gustaba sentir el mundo bajo sus pies. Él decía que de algún modo podía sentir el calor del sol – astro que la gente de Puerto de la Condenación, o lo que antes se conocía como Portugal, sólo estaba acostumbrada a ver en su imaginación o, los más afortunados, en su memoria. – bajo sus pies, al otro lado del planeta. Otro elemento característico de este joven era su afición por la música, supongo que no lo veréis como algo tan extraño, pero en los tiempos que corren, o por lo menos, en los tiempos que corren a este lado del globo, poca gente se dedica por vocación a la música. Es por eso que siempre le acompañaba una guitarra acústica de color gris oscuro, con trazos realizados con pintura granate simulando las olas del mar; sí, las olas de Puerto de la Condenación eran granates, a juego con el eterno anochecer que se dibujaba más allá del horizonte. La guitarra estaba algo desconchada por el paso del tiempo y por las inclemencias que conllevaba el hecho de vivir en un lugar como ese, pero aún así, sonaba de maravilla. Gadhe acostumbraba a llevar unos tejanos oscuros desgastados, una chaqueta marrón con borrego en el cuello y una camiseta negra de manga larga debajo de todo esto. Bueno, de hecho vestía siempre así; el que se podía permitir dos conjuntos en Puerto de la Condenación era una persona afortunada o despiadada. Dada la pobreza de su entorno quizá también os impacte el hecho de que monta una bicicleta que haría media docena de décadas habría costado unos doce mil euros, pero digamos que el pan se cotiza hoy en día más alto que el oro en Puerto de la Condenación, o Puerto, como acostumbraba a referirse normalmente la gente que lo habitaba; nadie nombraría su hogar de un modo tan despectivo, por lo menos no alguien sano. Para terminar de definir el aspecto de Gadhe, diré que es un chico alto, de complexión delgada aunque atlética; en realidad la gran mayoría de la población era delgada; los más agraciados podían disimular sus costillas y nada más. Gadhe tenía el pelo castaño oscuro, corto, despeinado y con algunas rastas que adornaban su cogote. Gadhe se ganaba la vida interpretando su música cuando la gente de Puerto tenía ánimos para reunirse, que, para ser en un contexto tan desolador, era bastante a menudo. De todos modos, lo más destacable de este muchacho es una característica que comparte con el resto de habitantes de Puerto de la Condenación y, aproximadamente, con la mitad de la población mundial. Gadhe vive en un mundo en el que siempre es de noche y, no, no es que el sol se haya extinguido, es que se ha quedado al otro lado, alumbrando a la otra mitad de la población terrestre.


Un poco de historia

 

Para ser más precisos, nos encontramos en el año hipotético 2087. Y es que desde el 2056 todos los años son hipotéticos. A principios del siglo XXI la Tierra empezó a decelerar en su movimiento. Científicos de todo el mundo empezaron a cooperar para descubrir la causa de tal suceso. En el año 2025, lejos de hallar las causas de tamaño fenómeno y en vista del avance irrefrenable de la situación las mentes empezaron a trabajar en un modo de hacer perpetuar la supervivencia de la especie en un planeta que se ha alienado de las leyes del universo y que, efectivamente, en el año 2056, se quedó parado, completamente estático, en el sistema Solar. Tras cinco años de proyectos desechados, de manos del ingeniero Samuel Grant Heights apareció el B.A.L.S. o Bi-Actioned Life System. En el 2031 empezó la construcción de los dos grandes anillos que envuelven hoy día la Tierra cruzándola por el ecuador y el meridiano de Greenwich. Estos dos grandes anillos comparten el radio terrestre y poseen la amplitud de varios países. La construcción de estos anillos supuso la desaparición de lugares como España, Francia, Alemania, Colombia, Perú e incluso Indonesia en toda su extensión. Los europeos cuyas tierras fueron sacrificadas por el bien del resto fueron trasladados a Sudamérica en diversas colonias, lo que desembocaría en inevitables guerras y en que ahora América en toda su extensión esté gobernada por los colonizadores del viejo continente. Los científicos estimaron que cuando el planeta dejara de moverse, en el meridiano cero serían las 20 horas 56 minutos y 57 segundos del 29 de Febrero de 2056, fecha en la que todos los habitantes del planeta viven hoy día atrapados eternamente, horas más, horas menos. Tras duras campañas y eternas discusiones entre las potencias mundiales decidieron que a partir de ahora la humanidad se edificaría sobre la parte alumbrada del planeta. Llamaron a esta iniciativa Nuevo Mundo. Dada la escasa rentabilidad de la parte ofuscada del planeta y que resulta más económico crear una noche artificial que una luz artificial los perdedores de las guerras fueron poco a poco deportados hacia este lugar oscuro. En la actualidad América es una gran megalópolis de arriba abajo y lo que entonces fue el Amazonas estás ahora dando vueltas alrededor del planeta. Sí, la misiva de esos dos anillos es contener la mayor extensión posible de bosque y jungla y gracias a un descomunal mecanismo movido por la energía solar, la eléctrica y la mareomotriz (puesto que la Luna continúa girando misteriosamente alrededor de su planeta y agitando las mareas) y girar alrededor de la Tierra. De este modo el proceso de la fotosíntesis y de la regeneración del oxígeno en el planeta es posible. Además, no hace mucho tiempo se idearon pequeñas granjas de oxígeno donde podían reproducir este efecto a pequeña escala. Sobra decir que estas granjas sólo se encuentran en el Nuevo Mundo.

Los años han pasado, y el Nuevo Mundo se ha olvidado de la parte ofuscada del planeta, ni siquiera se han molestado en invertir cualquier mísero fondo en investigar que ha sucedido con toda aquella gente que deportaron en su día. Apenas unas fotos realizadas en avioneta y nada más. La vigilancia por satélite es algo impensable puesto que los antiguos satélites se perdieron en el espacio cuando la Tierra se detuvo y cualquier otro intento de colocar uno nuevo se ha visto frustrado siempre de forma inexplicable. Parece como si la Luna hubiera adquirido el monopolio de los satélites. Ahora el Nuevo Mundo sólo tiene un interés en el lado oscuro. El Nuevo Mundo sigue ahora una política utópica acerca de una sociedad perfecta, o por lo menos en cuanto a delincuencia se refiere. Los crímenes suelen ser castigados con la deportación. Es habitual ver llegar de vez en cuando algún barco a Puerto y desembarcar decenas de reos, de ahí el nombre de Puerto de la Condenación. La deportación es similar a la pena de muerte, así que a Puerto sólo llegan asesinos, violadores, perturbados y otra gente de esa calaña, factor añadido que convierte Puerto en un lugar no demasiado hospitalario. En realidad Puerto, hasta hace varias décadas estaba completamente desolado, dado que sus fronteras son el mar a un lado y el colosal anillo meridional, más conocido en Puerto como la muralla de Greenwich. Esto convierte a Puerto en una cloaca aislada de los acontecimientos mundiales, una cárcel del tamaño de un país.

De todos modos, para los habitantes de Puerto eso no son más que rumores, y su conocimiento del mundo se basa en las noticias que traen los reos en cada nuevo desembarco.


Seis Cuerdas

 

– ¡Eso es una basura! –

Gadhe – Vamos, no seas así, acabo de empezar a componerla.

Gadhe se balanceaba sobre un viejo balancín situado bajo el toldo de una especie de porche construido con mantas y neumáticos. Los neumáticos descansaban sobre la pared trasera de una chavola construida con materiales demasiado diversos como para enumerarlos. Todo esto estaba situado en una gran explanada de suelo arenoso donde se habían ido aglomerando con el paso del tiempo chavolas y chavolas. Incluso algunos de los pasillos principales empezaban a tener nombre de calles. No hacía falta caminar mucho para llegar hasta la playa, bastaba con subirse al tejado para echar un vistazo al mar. Por aquella zona no solían desembarcar a los reos. Sólo se dio el caso una vez hace 5 años y se les indicó amablemente a los recién llegados donde estaba su lugar, es decir, se les envió a las zonas “regidas” por las bandas y los pirados; territorio en el que solo te embarcas si quieres morir o servir a su dueño.

La gente que dio origen a esta pequeña urbanización le otorgó el nombre de Génesis, guardando por idea el darle una segunda oportunidad a ese suelo desprovisto de luz y a la vez crear un lugar donde las personas que no pretendieran la violencia pudieran vivir en relativa armonía. Génesis cuenta con una población bastante numerosa aunque no cuenta con una gran actividad. Desde que la posición del sol no rige los horarios de los humanos todo el mundo duerme cuando tiene sueño y trabaja cuando tiene hambre. Así que nunca está todo en marcha, pero tampoco parado. Génesis no cuenta con un sistema político, no dispone de moneda propia ni guarda escrita ninguna ley. Las iniciativas se emprenden por consenso popular, el sistema de comercio es el trueque y los problemas se resuelven entre los contendientes. A no ser que suponga una amenaza para la existencia del poblado, tan sólo los interesados intervienen en las disputas. Génesis es más bien un lugar donde ha coincidido mucha gente que un pueblo en sí.

Todo Génesis está bañado con una luz violeta muy tenue, provinente del sol que hay oculto tras el mar, y da un color bastante peculiar a la piel nívea de sus habitantes.

Gadhe – ¿Y qué tal esto?

– Con esa clase de repertorio no te van a contratar en ningún lado más. Vamos a entrenar.

Gadhe – Ramil, por mucho que desprecies mis canciones no iré a jugar contigo, si es lo que pretendes.

Ramil era un chico de unos catorce años, aunque poca gente en Puerto conoce con certeza la edad que tiene. Eres mayor cuando aparentas serlo, o cuando lo demuestras. Era bastante menudo y su piel tostada contrastaba con la del resto de habitantes. Poseía rasgos asiáticos y una mirada negra penetrante oculta tras su pelo negro azabache alborotado. Vestía de una manera un tanto extraña incluso para la gente de lugar: un albornoz de seda blanco, un bañador con un estampado de hojas otoñales rojo y naranja unas cuantas tallas más grande que la suya y que compensaba atándose el cinto del albornoz alrededor del pantalón. A pesar del frío no llevaba camiseta para lucir su discreta musculatura de la que estaba sobradamente orgulloso y que trabajaba a diario. Ramil fue encontrado de pequeño tirado en medio de la arena de la playa cubierto por el cadáver de un perro al que le habían vaciado las tripas y fue adoptado por una pareja de Génesis. Con el chico encontraron una cinta roja con unas letras negras escritas en un idioma que nadie de la zona conoce. Ramil lleva esa cinta siempre atada a la frente. La otra pertenencia que lleva siempre con él es una espada de madera que él mismo ha fabricado. En realidad en Génesis apenas hay, por no decir que no existe, violencia; pero Ramil se entrena a diario como si hubiera de entrar en batalla algún día. Gadhe a modo de juego suele ayudarle a entrenar e, involuntariamente, ha ido adquiriendo destreza con la espada. Aunque de todos modos, teniendo por único oponente a un niño, desconoce si en realidad es diestro o no en el manejo del arma. No es algo que le preocupe demasiado, puesto que sus planes no van más allá de pasarse la vida componiendo.


Gadhe – ¿Por qué practicas tanto con la espada? En Génesis nunca te será necesario.

Ramil – Precisamente por eso. No pienso quedarme para siempre en Génesis.

Gadhe – Y que harás. ¿Ir a cazar malhechores?

Ramil – Lo haré si llega el momento pero mi objetivo no es ese.

Gadhe – ¿Entonces?

Ramil alza su espada y señala a la monstruosa edificación de metal que se pierde entre las nubes.

Ramil – Voy a descubrir que hay más allá de la muralla de Greenwich.

Gadhe – Es imposible, nunca podrás superar semejante artefacto.

Ramil – Debe de haber algún modo de franquearlo. Hasta que no llegue allí no lo sabré.

Gadhe – Pero llegar allí…

Ramil – Exacto, implica vérmelas con toda la gentuza que mora entre esta playa y el horizonte.

Gadhe – ¿Y tú crees que lo que haya a ese lado merecerá la pena?

Ramil – Seguro que sí.

Gadhe – Si vas más allá de Greenwich lo único que encontrarás es una oscuridad más profunda. Lo lógico es viajar hacia el sol, como ha hecho toda la gente que se marcha en sus embarcaciones caseras.

Ramil – Pero yo… prefiero vérmelas contra cinco mil hordas de villanos que contra 5 leguas de viaje marino… además, nunca ha vuelto nadie.

Gadhe – Porque más allá del mar está el Nuevo Mundo. Ya has oído las historias de la gente que llega en esos enormes buques metálicos.

Ramil – De todos modos qué importa, lo que no pienso es quedarme eternamente aquí tocando la guitarra. ¡Necesito aventuras!

Gadhe – Me huele a mí que las aventuras en las que te adentrarías no serían como las de los cuentos de ese viejo.

Ramil – Respeta a Graven.

Gadhe – Yo lo respeto, pero es un viejo.

Gadhe suelta una sonora a carcajada y redirige su atención a la guitarra.

Ramil – Me voy con mis amigos.

Gadhe – Hasta luego.

Ramil se perdió entre las calles y fue a reunirse con sus amigos. Gadhe alzó la vista al cielo y, tras un bostezo, contempló la Luna.

Tú que surcas el cielo libremente y te paseas entre las estrellas y bajo el sol, dime como es el mundo que no puedo ver y dime si realmente es mejor que las olas púrpuras con las que nos bañas. Muchas personas aquí sueñan con ver el sol cuando aún no han contemplado la mitad de nuestras estrellas. Qué clase admiración pueden tener por ese astro, si cuando aparece él, el resto de luces se esconden. Si hubiera estado en mis manos el elegir donde crear mi mundo ideal, nunca hubiera elegido al sol, porque la noche se puede recrear bloqueando su luz, pero nunca podrán recrear la estrellas. Imagino que el mundo de la luz, no debe ser un mundo de artistas.

Los dedos de Gadhe se posaron con dulzura sobre las cuerdas de la guitarra y, casi por instinto, empezó a dar forma a la melodía que estaba creando. Como guiados por el viento, sus dedos empezaron a acariciar las cuerdas y una grácil melodía nació del instrumento. Las estrellas parpadeaban calmadamente y parecían seguir la canción del artista. Gadhe apartó la vista de la luna y la devolvió a la Tierra. Sorprendido dejó de tocar. Unas ratas estaban paradas frente a él mirándole. Un hombre se acercó y las ratas se marcharon corriendo.

– Chico, eres muy bueno. –

Gadhe – ¿Eh? Ah, sí, esto… gracias.

– Permíteme que me presente. Mi nombre es Dustman, Alexander Dustman.


Dustman iba ataviado con traje y corbata, rasgo no muy distintivo en Génesis ya que hace mucho tiempo que las tiendas de ropa de la anterior civilización fueron arrasadas y cada uno cargó con lo que pudo. Lo que si era peculiar era tener nombre y apellido. La gente de Génesis apenas tenía un nombre o, con mala suerte, un mote. Nadie conocía a sus padres. En una nación fundada por criminales, los bebés que sobrevivían a su nacimiento debían preocuparse por cosas más importantes que un nombre. Entonces, o bien Dustman era un tipo excéntrico, o era un condenado del Nuevo Mundo, cosa que hacía preguntarse que demonios hacía en Génesis.

Dustman – ¿Cómo te llamas?

Gadhe – Gadhe…

Dustman – No he podido evitar quedarme hipnotizado con tu música. Qué te parecería tocar en el Dust Ion Club.

Gadhe – Claro.

Dustman – Muy bien chico. Pasaré a recogerte después de que la luna haya dado una vuelta.

El Hombre saludó con una leve reverencia al chico y se alejó por donde había venido. Cuando el hombre hubo doblado la esquina Gadhe reaccionó. ¿Desde cuando había clubs en Génesis? Gadhe se echó una mano a la cara y sólo deseó no haberse metido en ningún problema. De todos modos, pensó que de aquí a que la Luna hubiera dado una vuelta alrededor de la tierra podían pasar muchas cosas.

(continuará)

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Acerca de greyshock

Lleno de inquietudes creativas utilizo estos blogs para dar salida a una pequeña parte de ellas. Espero que disfrutéis tanto viéndolas como yo creándolas. Ver todas las entradas de greyshock

2 responses to “Ad Líbitum – Primera Parte

  • Reno

    Gadhe…no se porque me suena es un nombre inventado o de algo? Comienza bien la historia,cuando veremos lo siguiente? ^^

  • greyshock

    Gadhe fue el nombre del PJ que cree la primera vez que jugué a rol en mi vida (que no a dirigir que empecé mucho antes.. xD) y le he cogido cariño, así que suelo reciclar su nombre. En mis partidas siempre hay un Gadhe que se reencarna de una crónica a otra.

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